Todo lugar es siempre el mismo lugar. Estratos emergentes.
Los lugares por los que se transita no son más que representaciones de los mapas del alma.
Capas de piel de esencia; un tubérculo, o una flor, suspendida en el medio de una nada atemporal, el núcleo del espacio.
Sin saber, fui a parar adonde mueren mis realidades, ahí donde nacen monstruosidades.
De tiempos de ayer, mil caras distintas; son siempre las mismas que vienen y van.
Las mismas caras, las mis máscaras: ya no sé quién ser.
No sé cuándo pasó, en qué momento, pero estoy seguro de que no me di cuenta, no medí cuentas. Hundido en mi pantano de barro putrefacto, olor a muerte y la desazón; el color de los días felices es tan lejano hoy, quizá tan lejano como lo era ayer. Y mañana será un viejo día.
Días sin dormir, noches sin dejar de pensar; la conciencia es una tortura a veces (y ni hablar de la inconciencia).
En laberintos busco la salida, pero afuera nada es real. Todo es igual, bajo una niebla permanente, reticente a levantarse, bancos de niebla y niebla en los bancos, todos están muertos, todo es irreal, surreal, y todo está velado, y es que la niebla debe ser el humo fétido de quienes viven y mueren sin sentir, sin pensar, sin estar, ardiendo en el fuego de su hoguera, de la de quienes no comprenden, de quienes no son comprendidos.
Todo lugar es siempre el mismo lugar, y es increíble como se le huye a la lluvia: cuando lo natural exige su derecho propio, su lugar que le fue profanado, no hay justicia que sirva de consuelo. Ley de Leyes para hombres de otros mundos que nunca serán mejores; truco, retruco, vale cuatro y a dormir, que mañana hay función de nuevo: la farsa continúa.
Podridos de mentiras, quien se exima de falsedades que muestre su piel verdadera, su nombre real, sus miserias. Todos ocultamos nuestras miserias, y es ése el cimiento principal de la farsa, la Mentira Suprema, la rosa, el núcleo, la Reina y su bufón, la histeria de la falsedad, el Guión Magistral de la humanidad. Lo real se ve en los espejos, en el reflejo de ésos que somos y no queremos abandonar (porque no sabemos otra forma de vivir, no nos animamos a buscarla), no somos como las serpientes, que no le temen a cambiar sus pieles.
Y lo más cerca que estoy, siempre es muy lejos de lo que quiero.
Se intenta poseer lo circundante cuando no existe posesión de la propia existencia, cuando nadie es de sí mismo. Tener, todo se basa en tener, no importa qué, no importa el precio, no importa como, no importa nada, más que tener: ¿de quién somos entonces?
Sueños, quimeras, mundos mejores, allá o en Más Acá; es fácil soñar lo que no podrá jamás alcanzarse. Es sencillo soñar aquello para lo que no se tiene coraje.
Es fácil decir, todo todo es muy simple. ¿Entonces? Entonces debe ser mentira que es tan fácil todo. Vivir es un don o un tormento, un placer o una carga, un gusto o un compromiso: santos y libertinos, todos ellos de cristal, sentados en la vereda del tiempo con sus mates de cabezas hechos por el artesano jíbaro que decide las voluntades de los dioses, el Padrino detrás del Olimpo, y todo ello porque sí. Porque cuando ya no quedan explicaciones, cuando lo conocido está agotado, cuando ya no puede expresar nada más, es entonces cuando una nueva lengua debe ser creada.
Orgullosos de su orgullo. Así es la gente de ésta galería: vanagloriándose de su peor excusa, como un náufrago que se aferra al primer madero de aquello que antaño nomás fue barco, y que ahora es muerte, muerte, muerte.
Ahora que Pablito me dio lo que tenía que darme, ahora que el humo sube por la sangre, mi sangre una escalera por la que trepa la locura, con ése frenesí que tienen las locuras cuando trepan, ahora que ya es tarde... Pero yo no quiero volver a empezar: quiero empezar otra cosa, una vida nueva, una vida. Mi piel me ésta ahogando ya. Y busco la salida en los laberintos, pero no sé dónde está la flor, la Rosa que subyace, pétalo sobre pétalo, cada pétalo emergiendo del anterior, pétalo, piel, espejos, escaleras y verdades, todo emerge, y gira y se esconde, y en dónde estaré hoy, por dónde emergeré mañana, acetato sobre acetato, piel sobre piel, representaciones, colores superpuestos, y el mapa que no lo encuentro; salidas, laberintos, entradas, ríos y nadas y sal... Ignominias de la Gran Cagada, caminar, subir, bajar, seguir, repensar, buscar, no encontrar, no buscar, encontrar, resistir, sucumbir, renacer, juego sobre juego, perdido por perder, retrocedido nunca pero avanzado jamás, ni arriba ni abajo, sin saber cual es el centro, sucesiones, escalafones, calefones, corticoides, lugares, lugares y más lugares, estratagemas del tiempo, estragos del pensar, extraños en la bruma... Estratos emergentes.
13/6/08
10/6/08
Lo que hace doblegarme mientras hincho el pecho y enfrento el viento que quiere arrancar mi piel
¿Dónde vamos? Siempre me pregunto lo mismo. ¿Hacia donde voy cuando me levanto todos los días para ir a laburar a un lugar que no me gusta, de algo que no me gusta, corriendo una carrera para llegar a ser "alguien" que no quiero ser? Vamos. Todos nosotros vamos. Somos muchos acá adentro. Y todos gritamos a la vez algunas veces. Y muy fuerte.
Despierto de sueños que nunca puedo recordar con claridad. Tengo la imagen grabada en el velo de mi retina: la puerta de hierro, con una de sus ventanas de vidrio armado rota, violentada, ultrajada. Aunque ésta vez no hubo fuego, ni hay ollín ni oscuridad. Pero sí está Brenda adentro, como aquella vez, y de igual manera siento una ansiedad que me socava el estómago y me hace temblar las piernas en un ataque repentino de nervios, que me obliga a pensar lo peor: que ésta vez no pudo escapar; que ésta vez no hubo suerte, o sí la hubo, y era ésa. Trato de abrir la puerta rápido, pero de apurarme se traban mis dedos y no tengo más remedio que intentar bajar un poco, pero es imposible teniendo una fuente de adrenalina en el pecho que está apunto de ahogarme.
Intento abrir la puerta, pero lo hago tratando de encontrar otra manera (siempre, hasta en las situaicones mas extremas, buscando el camino más difícil, más largo: como si así fuera a ganarme algún tipo de cielo): en lugar de usar las llaves, meto la mano por el agujero hecho en el vidrio armado por ésa mierda de ser que seguro mató a mi perro y que no tiene forma: sólo una sombra o un cuerpo, o un humo, o solamente nada.
Logré abrir la puerta y ya estoy adentro de mi casa, allá en un pasado SanTelmo o Barracas, nunca lo supe con exactitud, ahí en el tiempo que ya pasó y que sigue siendo mi tiempo, mi casa, mi barrio; mi perro. Pero una vez adentro ya desperté, y el resto no es verdad porque no es sueño ya. Veo la imágen de mi perro tendido en el suelo, de Brenda inanimada, de Brenda que ya no es más perro y ahora es cadáver, pena, recuerdos, dolor. Así continúa el sueño cuando me despierto, con esa imágen recurrente, ése lugar común al que viajo en miedo, el miedo a perder lo que amo y a quienes amo; el miedo a perderme en el miedo a perder... Y así otro día más, sin casi disfrutar, haciendo por temor a perder mientras me pierdo de disfrutar. Lo que no haga hoy dejaré de ser mañana, y el tiempo nunca alcanza (como si fuera algo a disposicion de las personas. Y es que ESTAMOS hechos de ése tiempo al que pretendemos doblegar, domar, "aprovechar".)
Destrozo pedazos de sueños todos los días. Los arranco con las muelas, les clavo los colmillos hasta que ya no los recuerdo. Mientras mis oídos zumban y piden a gritos que pare y duerma, que qué escucho cuando escucho. Zumbidos. Zumbidos como antenas hablando fuerte.
Mi paranoia. No sé si es paranoia o si es verdad. Y siempre pensando que ya está por pasar, que todo está yendo muy bien: "estáte atento, no bajes la guardia" me digo todo el tiempo. Como si todo estuviera a punto de desaparecer. Como si siempre estuviera a punto de perder todo, me pierdo. Y ya suena otra vez la alarma que marca el "comienzo" de un día " nuevo", y estoy de nuevo desayanando un sueño amargo, difícil de morder, masticando un aire espeso mientras me voy a dormir para soñarlo de nuevo.
Despierto de sueños que nunca puedo recordar con claridad. Tengo la imagen grabada en el velo de mi retina: la puerta de hierro, con una de sus ventanas de vidrio armado rota, violentada, ultrajada. Aunque ésta vez no hubo fuego, ni hay ollín ni oscuridad. Pero sí está Brenda adentro, como aquella vez, y de igual manera siento una ansiedad que me socava el estómago y me hace temblar las piernas en un ataque repentino de nervios, que me obliga a pensar lo peor: que ésta vez no pudo escapar; que ésta vez no hubo suerte, o sí la hubo, y era ésa. Trato de abrir la puerta rápido, pero de apurarme se traban mis dedos y no tengo más remedio que intentar bajar un poco, pero es imposible teniendo una fuente de adrenalina en el pecho que está apunto de ahogarme.
Intento abrir la puerta, pero lo hago tratando de encontrar otra manera (siempre, hasta en las situaicones mas extremas, buscando el camino más difícil, más largo: como si así fuera a ganarme algún tipo de cielo): en lugar de usar las llaves, meto la mano por el agujero hecho en el vidrio armado por ésa mierda de ser que seguro mató a mi perro y que no tiene forma: sólo una sombra o un cuerpo, o un humo, o solamente nada.
Logré abrir la puerta y ya estoy adentro de mi casa, allá en un pasado SanTelmo o Barracas, nunca lo supe con exactitud, ahí en el tiempo que ya pasó y que sigue siendo mi tiempo, mi casa, mi barrio; mi perro. Pero una vez adentro ya desperté, y el resto no es verdad porque no es sueño ya. Veo la imágen de mi perro tendido en el suelo, de Brenda inanimada, de Brenda que ya no es más perro y ahora es cadáver, pena, recuerdos, dolor. Así continúa el sueño cuando me despierto, con esa imágen recurrente, ése lugar común al que viajo en miedo, el miedo a perder lo que amo y a quienes amo; el miedo a perderme en el miedo a perder... Y así otro día más, sin casi disfrutar, haciendo por temor a perder mientras me pierdo de disfrutar. Lo que no haga hoy dejaré de ser mañana, y el tiempo nunca alcanza (como si fuera algo a disposicion de las personas. Y es que ESTAMOS hechos de ése tiempo al que pretendemos doblegar, domar, "aprovechar".)
Destrozo pedazos de sueños todos los días. Los arranco con las muelas, les clavo los colmillos hasta que ya no los recuerdo. Mientras mis oídos zumban y piden a gritos que pare y duerma, que qué escucho cuando escucho. Zumbidos. Zumbidos como antenas hablando fuerte.
Mi paranoia. No sé si es paranoia o si es verdad. Y siempre pensando que ya está por pasar, que todo está yendo muy bien: "estáte atento, no bajes la guardia" me digo todo el tiempo. Como si todo estuviera a punto de desaparecer. Como si siempre estuviera a punto de perder todo, me pierdo. Y ya suena otra vez la alarma que marca el "comienzo" de un día " nuevo", y estoy de nuevo desayanando un sueño amargo, difícil de morder, masticando un aire espeso mientras me voy a dormir para soñarlo de nuevo.
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