Estoy empezando a pensar que debo estar convirtiendome en un Emo. Quizás lo fuí siempre y nunca lo supe... Ya lo veo venir: despierto un día (un domingo, sin duda alguna) y estoy vestitido con una camisita de esas de colores pálidos, camperita azul o negra simil gimnasia, colgante de púas, piercings en cejas, orejas, naríz y por ahí, el pelo bien Joven Manos de Tijera. Y los ojos, obviamente, delineados, delineadísimos... Pero por suerte estoy escuchando Black Sabbath (Heaven and Hell). A la mierda.
Por las dudas no me pienso sacar la campera de cuero, no sea cosa que...
2/9/08
Trombas
Viajo en el 168 hacia no sé dónde, sentado en el anteúltimo de los asientos individuales. El cielo tiene ése color gris plomo que tanto me alucina: disfruto más de esos matices que de los días "lindos". No se trata de ningún tipo de fatalismo ni nada por el estilo, sino que simplemente los disfruto. Me gusta que llueva, y más aún salir a caminar bajo la lluvia.
Las imágenes son un poco confusas, los lugares poco precisos. Sé que estoy subido a ése colectivo, sé que de alguna forma estoy por La Boca, y que estoy yendo a hablar con No Sé Quién de No Sé Qué Asunto Muy Importante. Tomamos una curva y estamos bordeando el río, sin guarda rail entre éste y el camino, que me parece es de tierra ahora. Cielo de metal, alma de cristal, colores suspendidos en recuerdos. Divaga mi inconsciente por lugares que nunca quiero recordar y siempre creo desconocer, y mi cabeza se apoya en la ventanilla justo para que pueda ver, allá no tan lejos, un tromba que baila feroz, esbelta, majestuosa sobre el agua.
No puedo decir que llegué, más bién simplemente estaba ahí y No Sé Quién resultó ser Ramiro (que ahora que lo pienso hace como un mes que no sé nada de él), pero No Sé Qué Asunto Muy Importante sigue siendo un misterio de éste lado de la vigilia, una de ésas intrigas de balbuceos itinerantes.
Otra vez 168. Calles de Caminito, y pasar cerca de Magallanes y la vía y reconocer el lugar, que por ahí ensayábamos. Ahora estaba yendo a tratar el mismo asunto con Algún Ser, que era la tercer arista de este triángulo pacto, del Acuerdo No me Acuerdo de Qué. De vuelta bordeando el río, y dejo de estar en La Boca sin dejar de estarlo. Nada que me haga pensar en Caminito, nada que reconozca, salvo el ocre del agua sufrida de ése río que casi no lo es más, y el cielo plomo, el gris tormenta libertad, agua sobre agua que nunca más volverán a ser puras. Ésta vez iba sentado del lado derecho, y el colectivo giró hacia la derecha para que yo puediera ver de nuevo esa majestuosidad eléctrica, ésta vez de dos trombas que con más violencia y más cercanía desparramaban aguan y cielo de las superficies, como si estuvieran haciendo una gran escena, como si estuvieran descargando su furia sobre un tablero de ajedréz perdido, sin reina ni peón, como impotentes, como encerradas en medio de ése río ocre culpa.
Algún Ser da vueltas sobre lo mismo, que sí, que no. Al final logro convencerlo de No Me Acuerdo Qué, y otra vez colectivo rojo para bajarme de éste lado de mi espejo y llegar corriendo al subte para tomarme el de las ocho y media.
Las imágenes son un poco confusas, los lugares poco precisos. Sé que estoy subido a ése colectivo, sé que de alguna forma estoy por La Boca, y que estoy yendo a hablar con No Sé Quién de No Sé Qué Asunto Muy Importante. Tomamos una curva y estamos bordeando el río, sin guarda rail entre éste y el camino, que me parece es de tierra ahora. Cielo de metal, alma de cristal, colores suspendidos en recuerdos. Divaga mi inconsciente por lugares que nunca quiero recordar y siempre creo desconocer, y mi cabeza se apoya en la ventanilla justo para que pueda ver, allá no tan lejos, un tromba que baila feroz, esbelta, majestuosa sobre el agua.
No puedo decir que llegué, más bién simplemente estaba ahí y No Sé Quién resultó ser Ramiro (que ahora que lo pienso hace como un mes que no sé nada de él), pero No Sé Qué Asunto Muy Importante sigue siendo un misterio de éste lado de la vigilia, una de ésas intrigas de balbuceos itinerantes.
Otra vez 168. Calles de Caminito, y pasar cerca de Magallanes y la vía y reconocer el lugar, que por ahí ensayábamos. Ahora estaba yendo a tratar el mismo asunto con Algún Ser, que era la tercer arista de este triángulo pacto, del Acuerdo No me Acuerdo de Qué. De vuelta bordeando el río, y dejo de estar en La Boca sin dejar de estarlo. Nada que me haga pensar en Caminito, nada que reconozca, salvo el ocre del agua sufrida de ése río que casi no lo es más, y el cielo plomo, el gris tormenta libertad, agua sobre agua que nunca más volverán a ser puras. Ésta vez iba sentado del lado derecho, y el colectivo giró hacia la derecha para que yo puediera ver de nuevo esa majestuosidad eléctrica, ésta vez de dos trombas que con más violencia y más cercanía desparramaban aguan y cielo de las superficies, como si estuvieran haciendo una gran escena, como si estuvieran descargando su furia sobre un tablero de ajedréz perdido, sin reina ni peón, como impotentes, como encerradas en medio de ése río ocre culpa.
Algún Ser da vueltas sobre lo mismo, que sí, que no. Al final logro convencerlo de No Me Acuerdo Qué, y otra vez colectivo rojo para bajarme de éste lado de mi espejo y llegar corriendo al subte para tomarme el de las ocho y media.
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