3/9/08

Acidéz mental: qué bueno que no hay antiácidos para ésto. Y si los hay, qué bueno que no los conozco. A nadie se le ocurra decirme cuál o cuáles son, porque los cago a patadas hijosdemilputas.
Hasta más luego.

Peso pesado (a veces)

Hay días en los que creo tener toda la fuerza para hacer todo que sea que se me cante el forro de las pelotas. TODO. Lo que quiera, sea imposible, impasible, imprescindible o inútil. Me da igual: el mundo en la palma de mi mano. Lo femenino en la punta de mis dedos. Soy todos los que soy al mismo tiempo, las más de mil caras de mi moneda: puedo hacer todo a mil maneras; puedo romper tu corazón.
De golpe bostezo y bostezo, y sigo bostezando y se para el universo y se detiene todo en ese bostezo: el mundo entra en mi boca, entero, enterito, con todo lo que tiene adentro. El mundo en mis muelas. Lo femenino en la punta de mi lengua, y sigo caminando y escupo un trozo negro de noche de ayer. ¡Qué sabor espantoso que tienen las noches de ayer al otro día! Llego a una esquina, y mientras espero el semáforo me doy cuenta de que estoy muy cansado, de que me tiemblan las piernas y de que si hubiera una cama en cada esquina, éste día duraría treinta y seis horas. Callao y Libertador es un lugar de mierda. Entonces pienso en el pedazo de siesta que me voy a dormir cuando llegue a mi casa, sabiendo que cuando llegue lo que menos voy a hacer va a ser dormir: el mundo, con su peso y el de todo lo que contiene sobre mis espaldas, yo un émulo maltrecho y tercermundista del Atlas de la antigua Grecia, condenado a soportar el peso del globo (¿o era el del universo?) sobre sus hombros. Y qué ganas de tirar el mundo con sus miserias y las mías a la mierda. Pero ya terminé mi recorrido barato de la mañana y quiero terminar el de mañana también, para no tener que venir hoy. Lo único que me interesa es sacar Montevideo bien sacado para mañana, para que empiece a sonar de una vez así Josengo no anota en el Cuaderno de su Verdad nada sobre mi desempeño. Eso quiero, y de una vez por todas una buena banda; encontrar gente que no encuentre más importante el cómo que el qué, que en éste caso sería no tocar diez minutos y fumar treinta, sino al revés o más que el revés; una banda en la que no sienta, como Atlas, el peso de todo ése universo (¿o era el del globo?) con todas las guitarras y pedales y cables y teclados y arreglos en mi cabeza que contiene en su interior, sino en la que pueda sentir ése mundo en la palma de mi mano y en la punta de mis dedos, en la punta de mi lengua y en la paz de una canción terminada. No puede ser tan difícil. Algo debo estar haciendo mal.