22/9/08

Cruel paja.

Me estoy aburriendo mucho y no traje mi cuaderno de audio (que tampoco es muy divertido, pero buá). La cuestión es que este laburo es una mierda pero me da comer, como todo laburo que es una mierda y da de comer. A veces me dan ganas de tener un globo aerostático esperándome en la terraza de ésta ...¿fiel?... dependencia pública y salir en vuelo sagáz (?) e intrépido (?!) hacia el más recóndito de los carajos. Pero no hay estacionamiento para globos. Son re caretas estas gentes. Encima tengo que venir con una camisa ridícula y espantosa que me queda como el orto. Pero ya la voy a prender fuego, y voy a venir con la camisa toda chamuscada y que la chupen todos. Si, leyó usted bien. TODOS. Ni escribir quiero, por eso este post es una mierda.
Siguiendo con la línea de la frescura (a propósito, que una publicidad de chicles me hable de "la LINEA de la frescura" es un poco sugestivo, ¿no? ¿qué onda, te comés un chicle de esos y es como tomarte una línea top?), la cuestión es que nada pasa por aquí, y me pondría a escribir letras, pero se me bloquea el cerebro de paja. Paja paja paja. Mental, corporal, espiritual, comercial, racional, excepcional, atróz, violenta y asesina paja.
Chau, hasta más luego.

10/9/08

Kill the King (Rainbow)

http://www.youtube.com/watch?v=7KHnaswsMik
Danger, danger the queens about to kill
Theres a stranger, stranger and life about to spill
Oh no, move me out of harm I need a spell and a charm
Fly like the wind Im no pawn, so be gone, speed on and on
Kill the king Tear him down
Kill the king Strike him down
Power, power it happens every day
Power, devour all along the way
Oh no, move me out of harm
I need a spell and a charm
Fly like the wind
Im no pawn, so be gone, speed on and on
Kill the king
Treason, treason, the specter looms again
Treason, treason, the realm is safe and then
Oh no, move me out of harm
I need a spell and a charm
Fly like the rainbow
Im no pawn, so be gone, speed on and on
Kill the king
Tear him down
Kill the king
Got to take his crown
Kill the king
Hell rule no more
Strike him dead
Hell rule no more
Strike him dead
The people roar
Kill the king
Take his head
Down, down, down, down
Oh, kill
Oh, kill
Oh, oh

3/9/08

Acidéz mental: qué bueno que no hay antiácidos para ésto. Y si los hay, qué bueno que no los conozco. A nadie se le ocurra decirme cuál o cuáles son, porque los cago a patadas hijosdemilputas.
Hasta más luego.

Peso pesado (a veces)

Hay días en los que creo tener toda la fuerza para hacer todo que sea que se me cante el forro de las pelotas. TODO. Lo que quiera, sea imposible, impasible, imprescindible o inútil. Me da igual: el mundo en la palma de mi mano. Lo femenino en la punta de mis dedos. Soy todos los que soy al mismo tiempo, las más de mil caras de mi moneda: puedo hacer todo a mil maneras; puedo romper tu corazón.
De golpe bostezo y bostezo, y sigo bostezando y se para el universo y se detiene todo en ese bostezo: el mundo entra en mi boca, entero, enterito, con todo lo que tiene adentro. El mundo en mis muelas. Lo femenino en la punta de mi lengua, y sigo caminando y escupo un trozo negro de noche de ayer. ¡Qué sabor espantoso que tienen las noches de ayer al otro día! Llego a una esquina, y mientras espero el semáforo me doy cuenta de que estoy muy cansado, de que me tiemblan las piernas y de que si hubiera una cama en cada esquina, éste día duraría treinta y seis horas. Callao y Libertador es un lugar de mierda. Entonces pienso en el pedazo de siesta que me voy a dormir cuando llegue a mi casa, sabiendo que cuando llegue lo que menos voy a hacer va a ser dormir: el mundo, con su peso y el de todo lo que contiene sobre mis espaldas, yo un émulo maltrecho y tercermundista del Atlas de la antigua Grecia, condenado a soportar el peso del globo (¿o era el del universo?) sobre sus hombros. Y qué ganas de tirar el mundo con sus miserias y las mías a la mierda. Pero ya terminé mi recorrido barato de la mañana y quiero terminar el de mañana también, para no tener que venir hoy. Lo único que me interesa es sacar Montevideo bien sacado para mañana, para que empiece a sonar de una vez así Josengo no anota en el Cuaderno de su Verdad nada sobre mi desempeño. Eso quiero, y de una vez por todas una buena banda; encontrar gente que no encuentre más importante el cómo que el qué, que en éste caso sería no tocar diez minutos y fumar treinta, sino al revés o más que el revés; una banda en la que no sienta, como Atlas, el peso de todo ése universo (¿o era el del globo?) con todas las guitarras y pedales y cables y teclados y arreglos en mi cabeza que contiene en su interior, sino en la que pueda sentir ése mundo en la palma de mi mano y en la punta de mis dedos, en la punta de mi lengua y en la paz de una canción terminada. No puede ser tan difícil. Algo debo estar haciendo mal.


2/9/08

Por las deudasss...

Estoy empezando a pensar que debo estar convirtiendome en un Emo. Quizás lo fuí siempre y nunca lo supe... Ya lo veo venir: despierto un día (un domingo, sin duda alguna) y estoy vestitido con una camisita de esas de colores pálidos, camperita azul o negra simil gimnasia, colgante de púas, piercings en cejas, orejas, naríz y por ahí, el pelo bien Joven Manos de Tijera. Y los ojos, obviamente, delineados, delineadísimos... Pero por suerte estoy escuchando Black Sabbath (Heaven and Hell). A la mierda.
Por las dudas no me pienso sacar la campera de cuero, no sea cosa que...

Trombas

Viajo en el 168 hacia no sé dónde, sentado en el anteúltimo de los asientos individuales. El cielo tiene ése color gris plomo que tanto me alucina: disfruto más de esos matices que de los días "lindos". No se trata de ningún tipo de fatalismo ni nada por el estilo, sino que simplemente los disfruto. Me gusta que llueva, y más aún salir a caminar bajo la lluvia.
Las imágenes son un poco confusas, los lugares poco precisos. Sé que estoy subido a ése colectivo, sé que de alguna forma estoy por La Boca, y que estoy yendo a hablar con No Sé Quién de No Sé Qué Asunto Muy Importante. Tomamos una curva y estamos bordeando el río, sin guarda rail entre éste y el camino, que me parece es de tierra ahora. Cielo de metal, alma de cristal, colores suspendidos en recuerdos. Divaga mi inconsciente por lugares que nunca quiero recordar y siempre creo desconocer, y mi cabeza se apoya en la ventanilla justo para que pueda ver, allá no tan lejos, un tromba que baila feroz, esbelta, majestuosa sobre el agua.
No puedo decir que llegué, más bién simplemente estaba ahí y No Sé Quién resultó ser Ramiro (que ahora que lo pienso hace como un mes que no sé nada de él), pero No Sé Qué Asunto Muy Importante sigue siendo un misterio de éste lado de la vigilia, una de ésas intrigas de balbuceos itinerantes.
Otra vez 168. Calles de Caminito, y pasar cerca de Magallanes y la vía y reconocer el lugar, que por ahí ensayábamos. Ahora estaba yendo a tratar el mismo asunto con Algún Ser, que era la tercer arista de este triángulo pacto, del Acuerdo No me Acuerdo de Qué. De vuelta bordeando el río, y dejo de estar en La Boca sin dejar de estarlo. Nada que me haga pensar en Caminito, nada que reconozca, salvo el ocre del agua sufrida de ése río que casi no lo es más, y el cielo plomo, el gris tormenta libertad, agua sobre agua que nunca más volverán a ser puras. Ésta vez iba sentado del lado derecho, y el colectivo giró hacia la derecha para que yo puediera ver de nuevo esa majestuosidad eléctrica, ésta vez de dos trombas que con más violencia y más cercanía desparramaban aguan y cielo de las superficies, como si estuvieran haciendo una gran escena, como si estuvieran descargando su furia sobre un tablero de ajedréz perdido, sin reina ni peón, como impotentes, como encerradas en medio de ése río ocre culpa.
Algún Ser da vueltas sobre lo mismo, que sí, que no. Al final logro convencerlo de No Me Acuerdo Qué, y otra vez colectivo rojo para bajarme de éste lado de mi espejo y llegar corriendo al subte para tomarme el de las ocho y media.







1/9/08

Domingo, serpientes, Brenda y Gato y abuelos.

Los domingos suelen ser una mierda, sobre todo después de las seis de la tarde.
Amanecer al mediodía de un día hermoso duele. Son esos soles de brisa dulce, de barrio de casas bajas, de mediodías en familia.
Salgo del letargo de mi cama, adormilado, con tres serpientes enroscadas en el cuello. Me visto, abro la puerta del lavadero, le doy de comer a mi gato y me siento: las serpientes aprietan bastante y me duele la cabeza. Salgo a caminar con Brenda por ése barrio de mediodía, un rato a la plaza, y me siento a escuchar la calma de éste día sentado en el banco, en mi banco, mientras Brenda da vueltas por ahí. Es extraño, pero nunca entra al arenero. Ése sol todo lo baña: es hermoso. Y sin embargo duele. Veo pasar un cincuenta, muy rápido para éste día a ésta hora, y recuerdo que siempre pasan muy rápido, cualquier día a cualquier hora. Miro para atrás y Brenda sigue por allí, como revolotenado.
Al respirar hondo, una serpiente pierde fuerza y cae al suelo justo cuando pasa un ciento uno (tanto o más rápido que el cincuenta): la pateo rápido y con fuerza debajo del colectivo, sintiendo su peso muerto en la punta del pié, la aspereza de su piel de ayer hecha de retazos de sueños y restos de mi almohada. Cae justo debajo de la rueda de atrás. Bingo.
Pienso que en breve estaré arriba del cuatro viajando a lo de mis abuelos y las otras dos serpientes (acabo de darme cuenta de que no encuentro sinónimos de serpiente que no sean víbora o "bicha" -término de mierda si los hay-. A veces pasa) presionan con más fuerza mi cuello, y una lo hace también en mi hombro izquierdo. Brenda juega con un perro y yo pateo el suelo, muerdo el cielo, y pienso en que voy a volver a mi casa cerca de las seis o más tarde, cuando todo ese sol y ese cielo hermosos estén muriendo ya, después de haber compartido un almuerzo extraño con mis abuelos, que ya no son los mismos que conocí.
El ritual se volvió un mero formalismo, y siempre termino esperando eso que ya no hay más, que ya se acabó hace rato.
Verlos dejar los colores de los que recuerdo estar hecho me hace tomar conciencia de la cercanía de la muerte, de su muerte. Temerosos por no sufrir, no se dan cuenta de que están viviendo el sufrimiento, de que ésa es la manera más efectiva de sentir dolor. Pienso ésto y me pregunto qué haré yo al estar en ése momento. Acto seguido me pregunto si llegaré, y me doy vuelta y perdí de vista a Brenda, a quien igualmente seguía con la vigilia de mis oídos. La llamo con el llamado al que sólo ella responde, y ya la tengo corriendo hacia mí con ganas de jugar. Sé que cuando lleguemos a mi casa volveré a salir, y ella me pedirá con la mirada que me quede, que no la deje sola.
Cuando llego a mi casa (Brenda siempre alerta a mis movimientos: sabe que en cualquier momento viene su súplica, su monólogo) voy a la cocina, busco la pipa, la lleno, y mientras me fumo un cuenco entero, bien prensado, con un tramontina acuchillo a una de las dos serpientes, que intentaba llegar a mi cabeza. La oigo sibilar y me apresto a quitarla rápido de mi cuerpo, antes de que su sangre fría salpique mi cara. Aunque mis manos estan empapadas del líquido fétido y frío, y los pedazos se retuercen en el suelo. La puta madre, se mojó la pipa. El gato mira con ojos peposos los restos de boa, o yarará, o lo que mierda sea que sigue retorciéndose y sibilando en el piso, mientras la muerde y rasguña. La serpiente que queda deja de apretarme y acerca su cabeza a mi oído, diciendo con voz casi susurrada "Nunca te vas a librar de mí." Pero me chupa un huevo lo que me dice, todos los domingos me dice lo mismo la pelotuda.
Limpio la pipa, me tomo un ibuprofeno quichicientos, y me pongo gotas en los ojos, por la ficha, pa´que no salte, vió.
Brenda me miraba desde el sillón, intuyendo tal vez que me estoy por ir. Y quiero fumar un pucho. Mientras, resuena en mi cabeza Mano a mano: "Rechiflao en mi tristeza, te evoco y veo que has sido. En mi pobre vida paria, solo una buena mujer..." Igualmente, me resuena de gusto nomás, porque no tengo ni vida paria ni una historia con ninguna mina como la que describe ése tango.
Brenda me mira con cara ya, no te vayas quedate parece decir. La acaricio y al gato, y antes de salir me calzo a la cintura la espada que cuelga de la pared arriba de la puerta.
En mi ventana, un grito pegado al vidrio mira hacia afuera. Salgo de nuevo al sol que quema la piel, más por la certeza de que me voy de mi casa y dejo solos a mis animales, y en el fondo siento que tengo ganas de quedarme en casa, disfrutando de la luz que entra por mis ventanas y de Brenda y Gato, y mis guitarras. A mitad de cuadra me doy cuenta que olvidé el escudo. Vuelo y lo agarro con desdén, entrando por la ventana que con mucha bronca me doy cuenta dejé abierta. Salgo de nuevo y le hago señas a un taxi que pasaba por ahí, que siguió de largo. Hijo de puta, forro de mierda pensé. Pero claro, ¿qué tachero le va a parar a alguien con una espada de casi un metro sesenta de hoja y un escudo de acero pulido con una insignia de sol y luna? Ni hablar de la serpiente, que dormía ahora y habia dejado de apretar. Hijos de puta pienso de nuevo, mientras me iba camino a la parada del bondi. Espero. Espero. Sigo esperando. Veo un cuatro en la hondananza. Le hago señas... Para en el semáforo, y la puerta que no se abre. Yo parado en la puerta como un perrito. Como un perrito con espada y escudo de guerra. Y una serpiente. Le golpeo el vidrio y me mira y me dice que no con la cabeza. Entonces sí, ya no aguanto. Me alejo dos o tres pasos y destrozo el vidrio de la puerta con el escudo, subo, los ojos inyectados en sangre y la serpiente que se despierta y empieza a apretar y no me deja pensar. "¡Noventa!" El chofer me mira, y hace un ademán con la mano izquierda: de golpe desaparecen colectivo, personas, calle, Coto de la esquina, todo. La nada ante mí, todo blanco que quema la retina, que duele en los ojos. Y pienso en Brenda y Gato, en mis abuelos que deben estar esperándome.
Cuando reacciono, el mago estaba detrás de mí, aunque era tarde. Logró golpearme y siento cómo me desvanezco, mis ojos se cierran, la temperatura sube... Pero no me entrego y salto sin que ni yo lo espere, y con la última chispa de fuerza corto la cabeza del mago que cae al suelo, y su cuerpo se hace serpiente que repta en ésa nada sin fin. La sigo hasta una grieta en el gran blanco, y me doy cuenta de que mi serpiente ya no está más en mi cuello, y entonces comprendo dónde estoy, y siguiendo al ex mago, bajando por grietas de colores y gritos y gemidos y sueños, doy con el filo de mi almohada, y el sol inconfundible del domingo al mediodía que entra por mi ventana me hace arder la piel. Qué mierda que son los domingos. Me levanto, me visto, le doy de comer al gato y tres serpientes enroscadas en mi cuello, y Brenda que quiere salir. Mientras, ése sol del domingo me hace doler los ojos como ésa nada, y en la calle un desfile militar desafina consignas que nadie quiere escuchar pero todos repiten por las dudas, no vaya a ser cosa que, y tres viejas festejan y se abrazan al tiempo que yo subí en un remolino y me voy lejos, donde nadie me dañe, donde nada me moleste, a la casa de mis abuelos a abrazarlos y sentir que falta poco, que ya no queda mucho más.