La entrada anterior quedó inconclusa. De golpe un vacío, un blanco en mi mente. Viento de tormenta que erosionó mis pensares; traición de la memoria, tretas de la imaginación. Viento: Eros, erosión. Qué cercanía ¿no? Eros me erosiona.
A veces las cosas están tan cerca que no las vemos. Es fácil encerrarse ("La iglesia, la escuela, el banco, y el cementerio al final: tanto cielo, y mirá vos cómo te encerraste", diría Minimal, o Sanzo. No sé quién de él, tal vez los dos.). Es muy fácil ver que todo es una mierda. Es el costado más simple de todo, el lugar más común que conozco. Hasta me atrevo a afirmar que caminamos, las personas, por ése costado de forma natural, sin siquiera pensarlo. Y no hay cosa que me moleste más que los lugares comunes porque sí. Lo difícil es lo otro, lo bello, lo distinto, lo que queremos ser. Elegir el lugar: estoy cansado de cruzarme con gente que no conoce otro lugar, otros lugares más que los comunes. Muy lejos de volar, reptan. No eligen. Tampoco permiten que uno vuele, o intentan bajarlo a uno de los pies, de las piernas, con todo el peso de sus cuerpos.
Lo que quiero ser. Cambié mi dolor por poder. Poder crearme a mi propia imagen y semejanza. Soy mi dios, mi tiempo, mi música; creé y creo en mis propias deidades: construí sus altares día a día, tiempo a tiempo, cada cosa cada día. Somos nuestros artesanos, y así arranco mis pieles día tras día: necesito cambiar. Me despego, o lo intento (no dejo de ser una persona). Desapego. Qué simple que es apegarse a las formas, a lo que conocemos o creemos conocer, a aquello que nos da seguridad. Y hoy cambio todo eso, todo ése mundo de años de pensar y sufrirme pensando (tanto pensar termina llevando de forma inefable a la inacción: es ley.), ése mundo de la seguridad de las afirmaciones, de buscar confirmaciones y refutar y acomodar mi mente a lo que "debería ser", porque "la razón" (y no el diario, eh...) es una mierda (También el diario.), por la certeza incorruptible de que soy y seré. La duda, Las Dudas, que son casi como mis Erinias, dieron paso a la indiferencia, a ese "nomeimporta" mirando de reojo, como midiendo hasta dónde dejo que las cosas y las personas lleguen, que las cosas y las personas se vayan.
"Desapego no es desamor", leí por algún lugar, escrito por una mujer de la cual sólo sé su tatuaje. Eso, y que si un hombre le importa, le cierra todo menos sus piernas, o algo así. Corazón Coraza. Hasta el Desapego es una forma a la que nos apegamos. "Desapego no es desamor". Suena a ideal, y sin embargo es tan posible, tan cercano, tan probable (de probar en el sentido de saborear), tan real... Es como sentir en el paladar el fondo del sabor de lo que quiero degustar: todo siempre ahí nomás, tan cerca que no lo alcanzo.
Decía entonces que dejó ver más de lo que había imaginado, que fue como si hubiere vista a través de sus ropas. Ya por el cuarto escocés no sentía la lengua de lo liviana que estaba. En realidad no recuerdo si estaba liviana o pesada. Sólo recuerdo que no la sentía, y que las palabras salían de mi boca solas. Habíamos estado hablando de cosas nimias, como en la superficie, los dos tratando de flotar en ése lugar, tan cómodo para ambos.
Eran cerca de las diez. Habíamos estada hablando por horas, mis remolinos cada vez más intensos, más furiosos, alimentados por cada sonrisa, por cada mirada, por cada silencio. Se levantó para ir al baño. La ví irse y preferí correr la vista rápido: no podía creer lo que veía. Trataba de dudar, de convencerme de que aquello que estaba viendo era una exageración, un exacerbo de mis percepciones, producto del alcohol y de la calentura, que encima a vaces se juntan. Pro cuando la ví volver dejé de dudar, apuré el vaso, y antes de que se sentara me levanté, la agarré firme pero suave del pelo y le comi la boca. Fue el beso más intenso que dí (y que me dieron). Cuando separamos nuestras caras, me miró con los ojos brillosos, la boca entreabierta, la respiración entrecortada. No nos habíamos revelado nuestros nombres todavía, hacho que yo disfrutaba demasiado, por alguna desconocida razón. Pero de seguro perversa.
"Me tengo que ir" me dijo. Le pregunté irónico si intentaba que le insista en se quedara conmigo. Me dijo que no, que quería irse; estaba nerviosa y éso la hacía mas hermosa todavía: la dejaba desnuda, inocente, adolescente. La miré fijo a los ojos. Intentó correr la mirada pero conseguí que no lo hiciera. Pagué y salimos. Ni bien hubo pisado la calle, paró un taxi y se subió. Me quedé atónito, petrificado (diría que duro, pero aunque el whisky, no comulgo con ese estado). Encendí un cigarrillo, y pensé que no me había dado tiempo. Empecé a caminar hacia ningún lado, el viento frío golpeándome la cara, como queriéndome hacer reaccionar. Cuando salí de mi letargo, ya en mi casa, me dí cuenta de que el tiempo me había sobrado. Había tenido tiempo de sobra, y no había sabido qué hacer, más que sostener una postura. Eso, y desperdiciar una hermosa oportunidad, tal vez la más hermosa, tal vez la última.
30/7/08
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