¿Dónde vamos? Siempre me pregunto lo mismo. ¿Hacia donde voy cuando me levanto todos los días para ir a laburar a un lugar que no me gusta, de algo que no me gusta, corriendo una carrera para llegar a ser "alguien" que no quiero ser? Vamos. Todos nosotros vamos. Somos muchos acá adentro. Y todos gritamos a la vez algunas veces. Y muy fuerte.
Despierto de sueños que nunca puedo recordar con claridad. Tengo la imagen grabada en el velo de mi retina: la puerta de hierro, con una de sus ventanas de vidrio armado rota, violentada, ultrajada. Aunque ésta vez no hubo fuego, ni hay ollín ni oscuridad. Pero sí está Brenda adentro, como aquella vez, y de igual manera siento una ansiedad que me socava el estómago y me hace temblar las piernas en un ataque repentino de nervios, que me obliga a pensar lo peor: que ésta vez no pudo escapar; que ésta vez no hubo suerte, o sí la hubo, y era ésa. Trato de abrir la puerta rápido, pero de apurarme se traban mis dedos y no tengo más remedio que intentar bajar un poco, pero es imposible teniendo una fuente de adrenalina en el pecho que está apunto de ahogarme.
Intento abrir la puerta, pero lo hago tratando de encontrar otra manera (siempre, hasta en las situaicones mas extremas, buscando el camino más difícil, más largo: como si así fuera a ganarme algún tipo de cielo): en lugar de usar las llaves, meto la mano por el agujero hecho en el vidrio armado por ésa mierda de ser que seguro mató a mi perro y que no tiene forma: sólo una sombra o un cuerpo, o un humo, o solamente nada.
Logré abrir la puerta y ya estoy adentro de mi casa, allá en un pasado SanTelmo o Barracas, nunca lo supe con exactitud, ahí en el tiempo que ya pasó y que sigue siendo mi tiempo, mi casa, mi barrio; mi perro. Pero una vez adentro ya desperté, y el resto no es verdad porque no es sueño ya. Veo la imágen de mi perro tendido en el suelo, de Brenda inanimada, de Brenda que ya no es más perro y ahora es cadáver, pena, recuerdos, dolor. Así continúa el sueño cuando me despierto, con esa imágen recurrente, ése lugar común al que viajo en miedo, el miedo a perder lo que amo y a quienes amo; el miedo a perderme en el miedo a perder... Y así otro día más, sin casi disfrutar, haciendo por temor a perder mientras me pierdo de disfrutar. Lo que no haga hoy dejaré de ser mañana, y el tiempo nunca alcanza (como si fuera algo a disposicion de las personas. Y es que ESTAMOS hechos de ése tiempo al que pretendemos doblegar, domar, "aprovechar".)
Destrozo pedazos de sueños todos los días. Los arranco con las muelas, les clavo los colmillos hasta que ya no los recuerdo. Mientras mis oídos zumban y piden a gritos que pare y duerma, que qué escucho cuando escucho. Zumbidos. Zumbidos como antenas hablando fuerte.
Mi paranoia. No sé si es paranoia o si es verdad. Y siempre pensando que ya está por pasar, que todo está yendo muy bien: "estáte atento, no bajes la guardia" me digo todo el tiempo. Como si todo estuviera a punto de desaparecer. Como si siempre estuviera a punto de perder todo, me pierdo. Y ya suena otra vez la alarma que marca el "comienzo" de un día " nuevo", y estoy de nuevo desayanando un sueño amargo, difícil de morder, masticando un aire espeso mientras me voy a dormir para soñarlo de nuevo.
