Insomnia Fatal: la verdad derramada en la puerta de la heladera. Y el vacío que produce escuchar tu voz no me deja pensar en otra cosa más que en que no puedo pensar en otra cosa que no sea escuchar tu puta voz. En cuántas cabezas estarás hablando ahora...
Siempre que llueve pasa lo mismo: todos se escabullen como ratas huyéndole al ultrasonido.
Como si cayera ácido del cielo. ¡Idiotas! ¿No ven que es solo agua? Siempre que llueve pasa lo mismo: me acuesto, me respiro, me huelo y me siento; me relajo y me regalo un rato de paz, escuchando la lluvia hasta dormirme... y así pasan horas de lluvia que no lava mi insomnio. Y el ruido infame de tu voz, que apenas recuerdo ya, que apenas distingo entre los tantos ruidos que habitan el silencio. Pero sé que es tu voz que me habla y me habla, y lo hace en idiomas que aún no conzco. Y cada vez que aprendo, cada vez que consigo entender, la lengua es otra. Lengua áspera que lame y raspa los significados de las palabras hasta desgastarlos y dejarlos sin música y sin voz, y los hace parte del silencio, de ése silencio que hace ruido y más ruido en el norte de mi cama, desprotegida, desprovista de cielo.
Es una voz sin cara la tuya. Sos casi una sombra que habla, y habitás rincones míos que ni yo conozco; es una voz sin cara la tuya, que viene de tiempos por llegar, que canta melodías mágicas e irreproducibles. Pero que no se olvidan ni se callan.
Pasan las noches, con lluvia o sin ella, con luna a medias o del todo, con sol... Pero el silencio no se calla. Mejor dicho: vos no te callás. No callás tu puta voz, que andá a saber en cuantas cabezas estará hablando ahora.
Una vez casi veo tu cara, pero lograste despertarme antes. Si, lo recuerdo muy bien: el filo de la mañana casi cortó tu sombra, y vos gritaste muy fuerte, tan furerte que hiciste que la luz se asustara y huyera. Y yo desperté en medio de mi rutina, otra vez en la calle, cantando tus melodías enroscadas en espirales de marfil, que son las mismas que hacen mover mi hilos por las tardes cuando vuelo. Que son las mismas que canta mi voz cuando canta, y es que tu rostro no es más que el mío; el de ése que seré, que me espera del otro lado del camino, ahí donde se empieza a caminar.
21/5/08
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