24/7/08

Desvaneciéndome.

¡Quero despedazar el tiempo y adueñarme del espacio! No soporto más el confort. No quiero confort, y sin embargo lo disfruto. “Un poquito más, un poquito más”. Forro. Me siento un pobre forro y un pelotudo. Y la muerte me está esperando en cada esquina, en cada descanso, en cada pausa que me tomo, cada vez que salgo a comer algo o tomar algo y me siento parte de “ese” universo al que sólo un tiempo atrás odié y hoy también odio, pero del que ya soy parte. Entonces me siento muerto, vacío, embalsamado. Es la parte de mí que me odia, es la parte de mí que se odia. Y en laberintos sigo buscando la salida. La concha de Dios.
Dualidad espantosa la de querer y no, la de no querer y sí, y mucho peor la de poder y no querer. Me cago en la seguridad, en la vida resuelta, en mis nueve horas diarias por un sueldo mensual jugoso. Todo eso es una mierda. Siento que vendí mi alma, o parte de ella (gran parte), que soy consumido por el consumo, que consumo mi autoconsumo (qué bueno que no consumo, ¿no?), que mi tiempo es oro que cambio por billetes sucios, impresos con sangre y manchados con mierda. Como todos los billetes.
Y mis melodías huyen de mí. Se van muy lejos, donde no pueda oírlas, para que no pueda encontrarlas más. A veces las encuentro igual, pero supongo que se dejan encontrar en esos casos: me tienen lástima. “Pobre éste infeliz. Vamos a hacerle creer que está vivo”. Y aparecen por mi cabeza un rato, coquetean un poco, se muestran bien perras como las camareras (La Camarera) del bar en el que acabo de almorzar. Pero no me dan nada que calme mi hambre. Sólo olores y sonidos que abren más mi apetito. Me hacen calentar para dejarme en pelotas y salir corriendo. Y así me siento, desnudo, sin nada, tratando de encontrar a ése que quiero y alguna vez supe ser, pero ahora está muy lejos de mí, peleado conmigo, reprochándome mi traición, mi venta, mi entrega, mi confort. Y falta tanto para las seis.

1 comentario:

Zorzie dijo...

no podemos pensar tan igual. forro